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Pakistán en bicicleta: caos, escoltas armadas y el viaje llevado al límite

Pakistán no te pregunta cómo estás. Te empuja, te observa y te pone a prueba desde el primer minuto.

by txencito

Aterrizar en el ruido

Pakistán empezó con ruido. Ruido visual, ruido humano, ruido mental. Desde el aeropuerto de Lahore todo fue desordenado: equipajes rotos, cajas de bicicletas apareciendo en sitios distintos, carreras absurdas para recuperar lo que era nuestro y una sensación constante de estar fuera de lugar… y a la vez exactamente donde teníamos que estar.

La ciudad nos engulló rápido. Lahore es sucia, caótica, viva hasta el exceso. Mezquitas, motos, bocinas, basura, puestos de comida, miradas constantes. Gente que te observa como si fueras un animal extraño, pero no con hostilidad: con curiosidad absoluta. En cuestión de horas ya éramos “los extranjeros”, los de las bicicletas, los de las fotos. Muchas fotos.

Pakistán no te ignora. Pakistán te mira fijamente.


Cuando la policía se convierte en parte del viaje

Salir de Islamabad fue el verdadero punto de inflexión. A los pocos kilómetros apareció la escolta policial. Al principio parece una formalidad; luego se convierte en rutina, y finalmente en una carga mental constante. No puedes parar donde quieres. No puedes acampar. No decides cuándo avanzas ni cuándo descansas. Siempre hay alguien con un AK-47 decidiendo por ti “por tu seguridad”.

Algunos policías fueron extraordinarios: atentos, amables, protectores, incluso divertidos. Otros, rígidos, cansados o directamente agresivos. Dormimos en puestos de control, en cuarteles, en edificios oficiales. Compartimos comidas durante el ramadán, conversaciones nocturnas junto al río Indo, risas inesperadas con gente armada hasta los dientes.

La paradoja era brutal: cuanto más protegidos estábamos, menos libres nos sentíamos.


La Karakoram Highway: belleza que intimida

Cuando por fin empezamos a internarnos en el norte, el paisaje cambió de golpe. La Karakoram Highway discurre encajada entre montañas gigantescas, siguiendo el curso del río Indo como si fuera una cicatriz abierta en la roca. No es una carretera amable: sube, baja, vibra, se rompe, se recompone. El tráfico pesado pasa rozándote y el polvo lo invade todo.

Físicamente, Pakistán fue uno de los países más duros del viaje. El calor en cotas bajas, el frío repentino en altura, las subidas interminables y un cuerpo que ya venía tocado. Mentalmente, fue aún más exigente. Hubo días en los que no podía articular palabra, días de enfado, de frustración, de ganas reales de abandonar.

Y aun así, seguíamos.


Hunza: cuando el viaje te devuelve algo

Llegar al valle de Hunza fue como cambiar de país sin cruzar ninguna frontera. De repente, el ruido desaparece. La gente sonríe sin invadirte. El paisaje se abre: montañas nevadas, glaciares, árboles en flor, pueblos suspendidos en laderas imposibles.

En Karimabad y Passu volvió algo que creía perdido: la calma. Caminatas por la montaña, conversaciones largas, comida compartida, risas sin tensión. Hunza fue un regalo después de semanas de presión constante. Un lugar donde el cuerpo aún dolía, pero la cabeza descansaba.

Ahí entendí que Pakistán no es un bloque homogéneo: es un país de contrastes extremos.


La frontera con China: el final simbólico

El día que llegamos al paso de Khunjerab no fue un día cualquiera. A 4.700 metros de altitud, con dificultad para respirar y el cuerpo al límite, estaba frente a la frontera con China. Doce meses y más de 12.000 kilómetros después, ese era el punto más cercano que podía alcanzar a mi país natal.

No pude cruzar. China estaba cerrada. Pero estuve ahí. Lo suficiente.

Hacer esa foto, aunque fuera durante quince minutos vigilados por militares, cerró un círculo que había empezado mucho antes de salir de Madrid. No sentí euforia. Sentí calma. Objetivo cumplido.


Pakistán se queda dentro

Pakistán fue sucio, agotador, frustrante, bellísimo y humano a partes iguales. Un país “rough”, como me advirtieron, donde nada es fácil y todo se recuerda. Me dejó exhausto, pero vivo. Muy vivo.

No es un país para todo el mundo. Pero para este viaje, para este momento, fue exactamente lo que necesitaba.


📍 País: Pakistán
🗓 Fechas: marzo – abril 2022
🚴 Distancia recorrida: ~1.200 km (bicicleta + transporte forzado)
🏕 Tipo de viaje: cicloturismo con escolta policial y acampadas improvisadas
🧭 Ruta: Lahore – Islamabad – Besham – Gilgit – Hunza – Khunjerab
🌡 Clima: calor extremo, frío en altura, viento y polvo
💭 Sensaciones: caos, tensión, hospitalidad brutal y objetivo cumplido

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