Entrar enfermo y quedarse igual
Mi llegada a Nepal no fue épica. Fue en una habitación de hotel de frontera, con test de antígenos, cuarentena improvisada y la sensación de que el viaje volvía a decidir por mí. Positivo otra vez. Sin dramas. Ya me había tocado aprender que forzar no sirve de nada.
Curiosamente, Nepal empezó ahí: quieto. Encerrado. Con tiempo para escribir, ordenar fotos, pensar… y perrear, claro. Porque incluso confinado, uno sigue siendo uno.
Después de India, este silencio relativo era casi medicinal.
Katmandú: despedirse de Asia sin darse cuenta
Katmandú no fue una ciudad de grandes planes. Fue una ciudad de transiciones. De cajas de cartón para bicicletas, de momos repetidos hasta la saciedad, de despedidas escalonadas y de una melancolía suave al saber que Asia se iba acabando.
No hice nada heroico allí. Y estuvo bien así. Cortes de pelo, cervezas tranquilas, cenas de siempre y la certeza de que el viaje necesitaba bajar pulsaciones antes de volver a subirlas muy fuerte.
Porque Nepal guarda lo mejor para cuando estás listo.
Annapurna: cuando el cuerpo manda y la cabeza obedece
El Annapurna Circuit no fue una línea recta. Fue una negociación constante con el cuerpo. Altura, frío, fatiga, noches a más de 4.000 metros, y esa sensación tan concreta de ahogarte al hacer cosas ridículamente pequeñas como atarte las zapatillas.
Hubo días de empujar más que pedalear. Días de envidia sana viendo a otros subir más rápido. Días de aceptar que no siempre se es el fuerte del grupo. Y días de orgullo silencioso por seguir avanzando, aunque fuera despacio.
Coronar el Thorong La Pass a más de 5.400 metros no fue un momento glorioso. Fue un momento honesto. Llegar arrastrándome, tumbarme en el suelo y pensar: ¿qué coño hago aquí… y por qué estoy tan contento de haber venido?
La bajada, por supuesto, no fue fácil. Nunca lo es. Pero a esas alturas ya había aprendido algo clave: no pasa nada por bajarse de la bici. Empujar también cuenta.
Personas, casas humildes y lecciones sin discurso
Nepal no me enseñó grandes frases. Me enseñó escenas pequeñas. Familias viviendo con poco pero compartiendo todo. Niños listos, curiosos, atentos. Casas sin agua corriente, cenas sencillas, risas fáciles.
Momentos que no buscan dar lecciones, pero las dan igual.
Ahí entendí que viajar no va siempre de moverse. A veces va de quedarse el tiempo suficiente como para que algo te cale sin hacer ruido.
El cierre: Europa espera, Asia se queda dentro
Los últimos días fueron de cajas, aeropuertos, vuelos perdidos, risas nerviosas y una despedida progresiva de Asia. Volver a Europa se sentía cómodo… y extraño. Infraestructura perfecta, silencio, normas claras.
Y aun así, una parte de mí ya echaba de menos el desorden.
Nepal fue eso: el lugar donde no pasó nada espectacular… y pasó todo lo importante. Recuperé confianza, bajé el ego, escuché al cuerpo y confirmé algo que ya intuía: sigo necesitando retos, pero también saber parar.
Y eso, en un viaje largo, es oro puro.
📍 País: Nepal
🗓 Fechas: mayo – junio 2022
🚴 Tipo de viaje: cicloturismo + trekking en altura
🧭 Ruta: Siddharthanagar – Pokhara – Annapurna Circuit – Katmandú
⛰ Altitud máxima: 5.416 m (Thorong La Pass)
🌡 Clima: calor en valles, frío en altura, monzones
💭 Sensaciones: pausa, introspección, superación y gratitud
