Portada » Diario de viaje » Croacia: calor, rakia y aprender a parar

Croacia: calor, rakia y aprender a parar

by txencito

Entrar en Croacia fue entrar de lleno en el verano balcánico. Calor seco, carreteras largas, pueblos medio vacíos y una hospitalidad que no pregunta si quieres beber: te sirve. Venía con el cuerpo ya tocado y la cabeza cansada, y Croacia no te deja esconderte. Aquí o paras tú, o te para el calor.


Zagreb: reencontrarse para no romperse

Mi llegada a Zagreb no estaba en los planes originales, pero fue exactamente donde tenía que estar. Volver a compartir casa, rutinas y conversaciones largas con Varela fue como recordar quién era antes del viaje. Días de descanso que no se sienten como pausa, sino como reajuste.

Zagreb fue sofá, charla, cerveza, rakia y preguntas incómodas sobre el futuro. Pensar en volver a casa apareció varias veces, como aparece siempre cuando paras demasiado… pero también apareció algo más valioso: perspectiva. No estaba huyendo de nada; estaba construyendo algo, aunque a veces no supiera muy bien el qué.


El interior: Croacia profunda, calor real

Al salir de Zagreb, Croacia se volvió más áspera. Menos ciudades, más pueblos pequeños, más carreteras secundarias y un calor que empieza a dictar las reglas del juego. Aprendí rápido que a partir de las 13:00 no se pedalea. No por épica, sino por supervivencia.

Los días se volvieron extraños: madrugar mucho, parar durante horas, retomar cuando baja el sol. Y en medio de eso, encuentros que no se planifican. Casas abandonadas que empiezan a tener sentido cuando hablas con gente que tuvo que irse durante la guerra. Historias contadas sin drama, como si la vida hubiera seguido adelante a pesar de todo.


Kuterevo: parar de verdad

El Kuterevo Bear Refuge fue uno de esos regalos que no se buscan. Llegué fundido por el calor y me quedé varios días ayudando como voluntario. Pintar señales, alimentar osos, hablar sin idioma común, beber birras al final del día. Nada espectacular, todo esencial.

Ahí entendí algo importante: el viaje no es solo avanzar. A veces es quedarse. Parar lo suficiente como para que la cabeza se calle un poco y el cuerpo vuelva a sentirse casa.


Costa dálmata: belleza que cansa

La costa croata es espectacular, sí. Pero también es dura para el ciclista. Mucho turismo, tráfico agresivo y calor sin piedad. Pasar por Split fue necesario: ajustar la bici, descansar, convivir en hostel, sentir gente alrededor.

Split fue vacaciones dentro del viaje. Trabajo atrasado, risas, música, charlas nocturnas y esa sensación peligrosa de que vivir así sería fácil. Por eso mismo, había que volver a arrancar.


Volver al camino… y cruzar

Retomar el pedaleo después de vacaciones fue duro. El cuerpo protesta, la cabeza duda, y el calor no perdona. El tramo final hacia Budva fue una carrera contra el sol, el tráfico y la fatiga acumulada.

Cruzar hacia Montenegro desde Budva se sintió como cerrar una etapa. Croacia me había exprimido, pero también me había enseñado algo clave: saber parar es parte del viaje.


Lo que me llevo de Croacia

Croacia fue caótica, intensa y agotadora. También fue generosa, humana y honesta. Me enseñó que no todo tiene que ser bonito para ser valioso. Que el cansancio no significa fracaso. Y que a veces, seguir adelante empieza por aceptar que estás cansado.


📍 País: Croacia
🗓 Fechas: junio – julio 2021
🚴 Tipo de viaje: cicloturismo en solitario
🌡 Clima: calor extremo en verano
🧠 Temas clave: cansancio mental, hospitalidad balcánica, aprender a parar
🔁 Sensación general: intensidad, desgaste y aprendizaje

Dejar un comentario

También te podría gustar

Esta página web usa cookies para mejorar la experiencia de usuario. Asumimos que estás de acuerdo, siempre puedes dar de baja si así lo deseas. Aceptar Leer más